sábado, 15 de octubre de 2011

Erika: A veces estar en paz significa no escuchar a nadie.
"Laguna pseudolacrimógena".


Una dama. Toda una señorita. Delgada. Caminando. A cada paso que da pierde un kilo. Se mezcla con el paisaje. La línea fina que separa los mundos se confunde con su respiración. Caminando. Una lágrima roza su mejilla y el Sol parece burlarse haciéndola brillar. Taconeando. El ruido sordo de su andar se altera con el del viento que le araña las mejillas. Y llora. Llora porque no tiene consuelo. No lo tiene porque no quiere tenerlo. Se hace la fuerte, la valiente, la que puede. La que es mujer pero puede ser todo un hombre llegado el momento. Tonta. Va por el mundo simulando felicidad, fingiendo. Piensa que nadie lo nota y en realidad lo notamos todos. Está roja. Está llorando. Acude a su mejor amiga. Su hermana del alma. "Su causa". "Su yunta". Su elección más duradera. Su secreto mejor guardado. Va y le pide consejos. Consejos que nunca llegan. Se detienen ante el campo de protección de su mente. Consejos que se resbalan como las lágrimas en su mejilla y los recuerdos en su corazón. Clavan. Hieren. Punzan. Cortan. Duelen. Decide escucharla con atención. Los consejos recibidos son los más valientes. Los menos esperados. Los más ridículos. Otra tonta. Van por el mundo simulando hermandades, fingiendo. Creen que nadie se da cuenta y en realidad nos damos cuenta todos. Fanfarronean. Ríen. No lloran porque de a dos es imposible sincerarse con el corazón. El corazón no habla, al contrario. Se intimida, calla y le cede el paso a la cabeza. A la razón. A lo mejor que nunca siempre es lo que es. No es hombre, no son hombres. Jamás lo serán. Porque si lo fueran qué distinta sería la cosa. Cuántas lágrimas hubiesen ahorrado. Lloran porque quieren llorar. Lloran porque pueden y porque entre ellas se ven. Se consuelan. Se engañan. Taconean y caminan en silencio. Son cómplices. Amigas. Se mienten. A cada paso que dan son menos. Son casi invisibles, se confunden con el resto. A cada minuto van desapareciendo. Se desvanecen. Se alimentan de su propio aliento que es casi inexistente. Son un círculo vicioso. Son llanto. Son realidad. Son damas. Son delgadas. A cada paso adelgazan. Van caminando y piensan que lo anterior no es cierto.


Erika

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